El país que quería ser revolucionario (4)

agosto 6, 2013

El cortejo de los Nazis

Esvástica petrolera

Este episodio de la Historia de México, en especial, se nos omite deliberadamente a los mexicanos; la época en que, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, México, con Lázaro Cárdenas a la cabeza y con el apoyo incondicional de la URSS, abastecía de materias primas a Japón, Italia y Alemania. Y se omite, por supuesto, porque muy probablemente sería una propaganda negativa para la imagen del mandatario más alabado de México.

Estados Unidos e Inglaterra presionaban duro al gobierno mexicano para que éste cumpliera con las indemnizaciones debidas a las empresas petroleras perjudicadas durante la expropiación. Lázaro Cárdenas, respaldado por Mújica, Nájera y Lombardo Toledano, argumentaba que las indemnizaciones exigidas eran ridículas y ofensivas, si se tomaba en cuenta que las empresas habían explotado los pozos petroleros durante casi 50 años sin pagar ningún centavo. Así que, si los clientes más grandes en ese entonces se negaban a adquirir el petróleo mexicano, había que buscarlos en otras partes.

Anteriormente, Shell y British Petroleum habían sido infiltradas por agentes nazis quienes habían conseguido desviar petróleo mexicano a través de la empresa de William Rhodes Davis, la Davis Oil Company. Davis era de Texas y mantenía una mediana empresa dedicada a la exploración y excavación en el Golfo de México. El texano vendía el petróleo mexicano al ala nazi de las mencionadas empresas, y éstas lo enviaban a Alemania. Pero una vez concretada la expropiación del petróleo, las empresas que podían ser parasitadas por los nazis se marcharon y la célula encabezada por Davis quedó desamparada.

Cárdenas designó a Alejandro Carrillo para establecer un canal de comercio con Alemania e Italia a través de Rhodes Davis. Esto se consiguió cuando, un mes después de la nacionalización del petróleo, cuando el texano llevó a cabo una compra de crudo por 17 millones de dólares pagados por Hjalmar Schacht, Secretario de Finanzas del Reicht. La entrega del petróleo comenzó en junio de 1938 y concluyó con el envío de los últimos 4,000 barriles en mayo de 1939.

Schacht / Rhodes Davis

La relación de México con el fascismo fue una aventura que duró poco. En 1940, los nazis invadieron Rusia. Cárdenas nunca confesó ser un partidario del comunismo estalinista, pero siempre dio muestras de su apoyo al mismo y de su apego ideológico al marxismo. La invasión de Rusia no la tomó muy bien, por lo que suspendió los envíos de petróleo y delató a las células fascistas en México, muchas veces poniéndolas a tiro de pistola para que los operadores comunistas los hicieran desaparecer. De esa manera facilitó la liquidación de Otto Probst y de Gerard Meier, ambos operadores nazis en México. De igual manera, se mostró más abierto a retomar las relaciones con Estados Unidos y los Países Bajos. Para acercarse a Franklin D. Roosevelt, quitó la candidatura a su compadre Francisco Mújica, y optó por el conservador Manuel Ávila Camacho. Para hacer efectiva su victoria en las elecciones, hostigó y desapareció a los partidarios almazanistas, al punto de declarar solamente 150,000 votos a su favor, cuando hubo mítines en que logró congregar a 250,000 personas en una sola tarde.

Para mediados de 1940, la unión Roosevelt – Cárdenas era más que evidente. Al observar esto, Litvinov, el Canciller soviético, invitó al representante mexicano en la Sociedad de Naciones, Francisco Castillo Nájera, a visitar Moscú para, después, firmar el pacto de mutuo reconocimiento. Cárdenas, por medio de Emilio Portes Gil, ordenó al embajador que no accediera a las peticiones del soviético, y como gesto de buena voluntad para con los Estados Unidos y malo para con la Unión Soviética, aprobó el pago de indemnización con cargos de intereses para las empresas norteamericanas afectadas durante la expropiación y firmó un tratado por el cual México comprometía su petróleo exclusivamente para los Aliados a cambio de estar recibiendo constantemente productos refinados a bajo costo.

Mujica / Camacho / Lombardo

Esta fue la recta final de la aventura socialista de Cárdenas y el gobierno mexicano. Los partidarios cardenistas fieles a su carrera socialista fueron alejados de su círculo de acción. Mújica fue enviado como gobernador a Baja California Sur, por entonces el estado más pobre y alejado del país. Trotsky fue asesinado por Ramón Mercader, un comunista catalán, en Coyoacán. Diego Rivera, separado ideológicamente del socialismo radical, fue enviado a Europa en un viaje de preparación. Vicente Lombardo Toledano, con apoyo de los principales sindicatos, se convertiría en el mandamás de los obreros y zanjaría la influencia de Cárdenas alrededor de quien sería la nueva figura presidencial, Manuel Ávila Camacho. En 1948, ya concluida la Segunda Guerra Mundial y con una órbita estadounidense mercantilista tanto en América como en Europa, el socialismo tomaba su propio rumbo y Cárdenas sería aniquilado ideológicamente. Desempeñó el cargo de Secretario de Defensa hasta 1945, para después ir desapareciendo poco a poco del escenario político en México.

Conclusión

El carácter del mexicano está perfectamente retratado en El Laberinto de la Soledad, magnífica obra de Octavio Paz. En ella, hace una especie de psicoanálisis nacional del mexicano. Dice que “el mexicano se siente resentido con la historia, enjuto, siempre reacio a adaptarse a los cambios”. Y bien puede ser cierto, si analizamos la época en que, quien es considerado “El más grande presidente de México”, ni con todos los esfuerzos conjuntos de los más grandes pensadores del país, pudo doblegar a la mentalidad del mexicano a corto o a largo plazo. México era un país que luchaba desesperadamente por integrarse a las filas de la revolución –la palabra simple, no el sustantivo –mas los mexicanos nunca consiguieron sentirse identificados con ella, sino que tenían la necesidad de una Revolución: un conjunto de ideas nacido de tendencias políticas que inventara una historia a la medida y les hiciera sentirse orgullosos de un pasado que nunca tuvieron.

Revolucionarios

Aún así, a pesar de que dicha Revolución se forjó en una fragua calentada con la chispa marxista, somos un conjunto de ciudadanos tremendamente antimarxistas. Completamente individualistas, viviendo al ritmo del libre comercio y con prácticas económicas propias de los países capitalizados, constantemente veneramos a los revolucionarios y sus gestas heroicas, consideramos justa la lucha de clases y construimos arengas para sentir que los mexicanos estamos unidos como nación. México ha sido, desde hace más de medio siglo, un país que siempre ha querido, pero nunca ha podido ser revolucionario.

Fuentes

Jiménez, Juan Ramón. VoltaireNet.org – El mito de Lázaro Cárdenas; primera parte. 10 de enero de 2005.

Loyo, Marta. El Partido Revolucionario Anti-Comunista en las elecciones de 1940. México, 1998.

Wikipedia, la Enciclopedia libre. Francisco J. Mújica.

Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. Capítulo IV: Los hijos de La Malinche. México. 1950.


El país que quería ser revolucionario (3)

julio 24, 2012

Liev Trostsky, Diego Rivera y André BretónDurante los principios de la gestión cardenista, el choque de intereses particulares de los sectores populares creaba una problemática compleja y difícil de erradicar. Ante esta situación, Cárdenas se propuso un proyecto que ayudara a conformar un sentimiento nacionalista propio que abarcara a todos los componentes de la sociedad. Para ello, convocó a diferentes filósofos y artistas para que trabajaran en la composición de un movimiento cultural patriótico, que exaltara el pasado y reverenciara a la Independencia y la Revolución. La mayoría de ellos, influenciados por las doctrinas marxistas, basaron sus creaciones intelectuales y plásticas en la lucha de clases, en la emancipación del pueblo y la victoria contra los aristócratas porfiristas. Fueron los años en que surgió el muralismo mexicano de la mano de grandes artistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Y también en este terreno, los artistas mexicanos recibieron influencia directa de pintores españoles y franceses, así como de políticos rusos.

Y así como los extranjeros influyeron en las nuevas corrientes liberales artísticas y científicas, los participantes de estos ámbitos ayudaron a solventar ciertas situaciones para con políticos extranjeros. El régimen cardenista fue, tal vez, el más empático con los refugiados de las naciones socialistas.

En la Rusia bolchevique, por ejemplo, después del triunfo de la Revolución de Octubre y de la consolidación de Stalin como líder máximo del comunismo, las facciones estalinistas y trotskistas comenzaron a luchar entre sí. Stalin llevó a cabo una purga política en la que los partidarios de Trotsky salieron perdiendo. El líder comunista salió expulsado del país con varios procesos penales en su contra y tuvo que refugiarse en donde le pudieran ofrecer asilo político. De esto se encargó Diego Rivera, uno de sus partidarios en México, quien llevó a cabo la gestión del permiso del presidente Cárdenas para la radicación de Trotsky en México.

Una vez en México, Trotsky comenzó a trabajar arduamente con Diego Rivera en la formulación de un manifiesto para la creación de arte revolucionario, mismo que fue lanzado con la participación de prominentes artistas franceses y españoles, entre ellos André Bretón. Este equipo de trabajo fue el génesis de lo que, después de un año, comenzaría a ser conocido como Muralismo mexicano. En dichas obras se plasman temas característicos de los movimientos libertarios socialistas: la innegabilidad de la lucha de clases y la satanización de la clase aristócrata.

Lázaro Cárdenas con los Niños de MoreliaOtro caso similar, en el que se observan destellos de simpatías para con el socialismo, fue el de reprobar amargamente a la dictadura franquista después de la Guerra Civil española y ofrecer asilo a los socialistas perseguidos por el régimen. Entre estos protegidos destacan los 456 menores conocidos como Niños de Morelia. Estos muchachos eran hijos de personajes republicanos en España y habían conseguido escapar del país y de la represión. Llegaron a México en el vapor francés Mexique y desembarcaron en el puerto de Veracruz el 7 de junio de 1937, donde fueron recibidos por Amalia Solórzano, la esposa del presidente. De ahí pasaron a Morelia, donde se les dio morada en habitaciones acondicionadas para instalar un internado y las áreas docentes de lo que se convertiría en la Escuela Industrial España – México.

También se pronunció en contra de la Invasión Japonesa de China y del Anchlüss, la ocupación ilegal que hicieron los nazis en Austria, y criticó duramente la política de No Intervención de los Países Aliados en la carrera imperialista que llevaban a cabo Alemania e Italia. Pero uno de los gestos más obvios de su simpatía por el socialismo fue que, recién llegado a la presidencia, puso todo su empeño en reanudar las relaciones fraternales con Rusia y los países soviéticos, a pesar de los desacuerdos y agravios sufridos entre ambos países durante la Revolución. Esta apertura nunca se concretaría debido a la antipatía que sentían entre sí el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, Emilio Portes Gil, y el Canciller del Exterior soviético, Maxim Litvinov.

El suceso que tuvo más repercusión internacional en la presidencia de Lázaro Cárdenas fue, sin duda, el conocido como Expropiación Petrolera. El sabotaje callado que mantenían los gobiernos occidentales contra México, utilizando como brazo hostigador a las empresas petroleras, se volvía cada vez más molesto. El presidente Cárdenas insistía en cumplir con las demandas de los trabajadores que tuvieran representación sindical; lo mismo para con las empresas mineras y agrícolas que no acataran los términos de la Reforma Agraria. Después de mucho estirar y aflojar entre los empresarios y los sindicatos, la nacionalización del petróleo fue decretada el 18 de marzo de 1938. Las empresas envueltas dentro de esta medida trataron de conseguir una prórroga de tres meses, pero la resolución de Cárdenas era tajante.

Maxim Litvinov y Emilio Portes Gil

Las empresas perjudicadas por la nacionalización del petróleo fueron:

  • Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila” (London Trust Oil-Shell)
  • Mexican Petroleum Company of California (ahora Chevron-Texaco, la segunda empresa petrolera global) con sus tres subsidiarias:

               Huasteca Petroleum Company
               Tamiahua Petroleum Company
               Tuxpan Petroleum Company

  • Pierce Oil Company, subsidiaria de Standard Oil Company (ahora Exxon-Mobil, la más grande empresa petrolera mundial)
  • Californian Standard Oil Co. de México
  • Compañía Petrolera Agwi, S. A.
  • Penn Mex Fuel Oil Company (ahora Penzoil)
  • Stanford y Compañía
  • Richmond Petroleum Company of Mexico, ahora (ARCO)
  • Compañía Exploradora de Petróleo “La Imperial” S. A.
  • Compañía de Gas y Combustible “Imperio” y Empresas
  • Mexican Sinclair Petroleum Corporation, sigue siendo Sinclair Oil
  • Consolidated Oil Companies of México S. A
  • Sabalo Transportation Company
  • Mexican Gulf Petroleum Company (luego llamada Gulf)

Cabe mencionar que, para la redacción del manifiesto a la nación con que Lázaro Cárdenas expropiaría el petróleo, influyeron directamente dos personajes muy bien relacionados con el comunismo ruso en México: primero, Francisco Jesús Mújica, militar de carrera que se formó en la Revolución Mexicana, un firme partidario de la Unión Soviética, convencido de que, un régimen similar al ruso, sería la forma de gobierno adecuado para México; en segunda, el antes citado Liev Trotsky, quien no por ser un ruso exiliado en México se mantuvo fuera de la política y la cultura mexicanas. Recientemente, fueron expuestas algunas teorías que señalan a Trotsky como uno de los instigadores de las expropiaciones del gobierno cardenista, toda vez que Cárdenas se apoyaba en los consejos de su mentor ideológico, el general Mújica, y éste era, a su vez, un firme camarada del político ruso.

A raíz de esta nacionalización de bienes extranjeros y ante el temor del crecimiento de una república soviética en México, los países de corte occidental llevaron a cabo boicots contra el gobierno mexicano y promovieron el crecimiento de partidos derechistas en oposición contra Lázaro Cárdenas. La candidatura política del general Mújica quedó aniquilada por los esfuerzos populistas de Joaquín Amaro y Juan Andreu Almazán, por lo que se optó por nombrar candidato oficialista a Manuel Ávila Camacho; Inglaterra rompió relaciones con México, mientras que Estados Unidos y Holanda lo embargaron comercialmente, dejando de adquirir el petróleo y la plata mexicanos; Venezuela, competidor férreo de México en el mercado del petróleo, firmó contratos exclusivos para abastecer a esos tres países y convertirse, así, en una potencia de la producción de combustibles.

Ante este panorama, solamente quedaba una salida al gobierno de Lázaro Cárdenas, misma que explotó durante varios años con buenos y amenazantes resultados para el futuro: se convirtió, de 1937 a 1939, en uno de los principales aliados estratégico de las potencias del Eje en América.

(Continúa)

Fuentes

Gutiérrez-Álvarez, Pepe. Marxismo en la Red. Diego, Frida y Siqueiros ante el “Caso Trotsky”.

Meyer, Lorenzo. El Siglo de Torreón. Editorial: “Lázaro Cárdenas o cuando había estadistas”. 28 de febrero de 2008.

Portes Gil, Emilio. Autobiografía de la Revolución Mexicana. Capítulo Undécimo: Período presidencial del Gral. Lázaro Cárdenas.

Gail, Olivia. La Jornada. Trotsky asesoró al gobierno cardenista para la expropiación petrolera. 14 de agosto de 2005.


El país que quería ser revolucionario (2)

mayo 20, 2012

Cárdenas y la política del pueblo

Durante la época conocida como El Maximato, los sindicatos en México fueron duramente reprimidos, el reparto agrario fue suspendido y las inversiones extranjeras asolaban al país consumiendo sus recursos y explotando a sus habitantes de una forma descarada y sin dejar apenas beneficios para México. La mano férrea de Plutarco Elías Calles y sus prácticas oligárquicas habían estancado la política perseguida durante la Revolución; lo cierto era que, quitando ciertos avances en infraestructura urbana que se habían alcanzado en los últimos 14 años, los aspectos socioeconómicos del país no habían cambiado en lo más mínimo. Los científicos seguían gobernando el país, la clase gobernante estaba compuesta por antiguos hacendados del norte, los campesinos no tenían tierras, los obreros no tenían representación o era prácticamente nula, la autogestión de los estados no era respetada y el sufragio estaba manipulado por el presidente o la figura que mandaba detrás de él.

Presidente Lázaro Cárdenas del Río

Muy tempranamente, Lázaro Cárdenas se convirtió en el hombre de confianza de Calles, siendo considerado como sucesor para un nuevo ciclo presidencial. Pero la influencia de Cárdenas era muy fuerte dentro del ejército, siendo su principal velador y brazo político. Calles tenía demasiada influencia en las clases oligarcas, en el PNR y en los medios de comunicación, por lo que la sola influencia de Cárdenas no era lo suficientemente fuerte como para contrarrestar sus intromisiones una vez se convirtiera en presidente. Así que, muy inteligentemente, no atacó a los presidentes designados por Calles, sino que esperó a ser designado él mismo. Luego, por ser su naturaleza más conciliadora que represiva, sembró un clima para la inclusión de todos los sectores populares dentro del nuevo gobierno. Los partidos políticos fueron reformulados, dando cabida a los sindicatos obreros, a los campesinos, a los industriales y, por más increíble que pareciera, a la Iglesia Católica. Una vez conseguido el apoyo popular, acosó directamente a Plutarco Elías Calles, El Máximo Jefe, como se le conocía aún en esa época; solamente le dejó una salida: que se fuera del país o que se atuviera a las consecuencias. La amenaza de Cárdenas era demasiado grande para no ser tomada en serio y Calles tenía mucho que perder. Así concluyó el período conocido en México como El Maximato e inició el Cardenismo.

Las pautas seguidas en adelante por el gobierno mexicano fueron marcadas, durante décadas, por la deuda política para con los sectores que apoyaron a la causa de Lázaro Cárdenas; le dieron el poder para quitar a las oligarquías del gobierno, por lo que demandaban privilegios especiales para ponerse por encima de los demás sectores. Esto era una situación bastante problemática, debido a que los intereses de los beneficiarios, en varias ocasiones, chocaban y la mayoría de las veces de forma violenta.

La prioridad del gobierno de Lázaro Cárdenas era restaurar el orden en el país, orden que no se había establecido desde 1810, en los inicios de la Guerra de Independencia. Para ello, el presidente, aún la autoridad máxima en un país acostumbrado a ser mandado por una sola persona, debía cumplir con las exigencias de los diferentes sectores populares.

Estandarte de los CristerosEl clero, por ejemplo, exigía la reposición de sus bienes y el permiso para impartir una educación católica libre, así como el cese de hostilidades que desde hacía varios años se fraguaba en la llamada Guerra Cristera o de los Cristeros. Estados de mayoría religiosa, como Michoacán (estado natal de Cárdenas), Jalisco y San Luis Potosí, respaldaban las exigencias de la iglesia católica mexicana, objetando que no abandonarían las armas hasta que los maestros laicos abandonaran sus escuelas.

Estas exigencias estaban en contra de los intereses representados por los industriales, quienes exigían mano de obra bien calificada y, según ellos, el dogmatismo religioso era una traba de acuerdo con los modernos estándares europeos. Estos, además, pedían la salida de las empresas monopolísticas extranjeras, la apertura de los mercados agrícolas y ganaderos, que seguían en exclusividad de unos pocos propietarios mexicanos, de la producción petrolera y de los servicios comunitarios de energía eléctrica. También demandaban la posibilidad de participar en los mercados de exportación y de una protección del gobierno contra los productos de importación, así como las aperturas a los canales de comercio, dominados entonces por las redes ferroviarias estadounidenses.

Las peticiones de los campesinos eran ya un tema trillado: el reparto agrario efectivo, la construcción de un modelo ejidatario de administración de la tierra, derechos de propiedad sobre el ejido y libertad de explotación del subsuelo. También demandaban la creación de organismos dedicados a vigilar los conflictos concernientes a la Reforma Agraria y la desaparición de los últimos baldíos protegidos por las guardias blancas. Las fuerzas armadas, principal respaldo de Cárdenas en un principio, al sentirse superadas por los sectores populares, crearon recelo y comenzaron a dotar de apoyo incondicional a Manuel Ávila Camacho. Para tranquilizarlos, el presidente les concedió crédito privado, seguro de vida, agrupaciones vigilantes y designó como Secretario de Guerra a Ávila Camacho.

Campesinos en busca de jornadasDe esa manera, el gobierno cardenista fue el primero en consolidar su base de poder con todas las facciones de la vida cotidiana en México: la iniciativa privada, el proletariado, el campesinado, el ejército y el clero. Pero, ¿era coherente el antiguo modelo de gobierno con las medidas llevadas a cabo para sacar del poder a los viejos oligarcas? Como se podrá deducir de la historia inmediata del país, no había coherencia en tales reformas. El modelo de nación siempre había sido típicamente capitalista, y las nuevas exigencias de los sectores populares se veían contrariadas con un gobierno que alentara a su explotación desmedida. El gobierno mexicano, bajo el auspicio de Lázaro Cárdenas, fue víctima de una metamorfosis que no fue vista con tiempo. Las nuevas épocas demandaban otro tipo de atenciones del gobierno: la sociedad se volvía cada vez más socialista. Ante las nuevas medidas de Cárdenas, los países capitalistas occidentales cerraban puertas al naciente régimen y las empresas transnacionales se ponían a la defensiva. Era tiempo, entonces, de voltear a ver otros escenarios, otros panoramas. Occidente mostraba la espalda a México, mientras que el marxismo y los países socialistas abrían sus brazos a la par.

La lucha sindical contra las petroleras

En 1917, a los pocos meses de haber sido promulgada la Constitución del 5 de Febrero, los trabajadores de la Huasteca Petroleum Company, alentados por el artículo 123, se declararon en huelga y suspendieron todas las labores durante casi un mes completo. Las medidas contra este movimiento fueron particularmente represivas, pero aún peor fueron las represiones emprendidas contra las huelgas subsecuentes, como las de 1919 en la Waters-Price Oil Company y la Tamiahua Petroleum Company, en las que se utilizó al ejército federal para sofocarlas.

Si bien no se han descubierto pruebas que lo aseguren, en la época se corrieron rumores sobre la presencia de agitadores durante las primeras huelgas en las petroleras del Golfo de México. No sería nada raro, en caso de ser cierto ya que, desde los primeros años de la revolución, ideólogos anarquistas como Enrique Bermudez y Esteban Baca Calderón mantenían relaciones con pensadores rusos exiliados del imperio zarista y que se habían instalado en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Los mismos Flores Magón, a pesar de no haber declarado nunca amistades con políticos o filósofos rusos, reflejaban una obvia influencia de los pensadores anarquistas rusos y franceses en sus manifiestos. El Partido Liberal Mexicano, a través de personajes secundarios, se sirvió mucho del marxismo importado desde Europa para proclamar su plan de nación plasmado en Regeneración, el diario libertario en que los hermanos activistas declaraban sus ideas a los clubes liberales mexicanos y estadounidenses.

Pero cierto o no, la presencia bolchevique se fue haciendo cada vez más latente. Después de la Revolución de Octubre en Rusia, la prioridad de los comunistas era contrarrestar la influencia del mercantilismo amenazante. Estados Unidos e Inglaterra habían probado ser enemigos declarados del nuevo régimen, por lo que no debería darse cuartel ni en el terreno ideológico. Así como el atraer a Francia y Alemania se volvió una prioridad inmediata, el sembrar la semilla del socialismo en América Latina se convertiría en una fuerte baza contra la amenaza de Estados Unidos. Y el ensueño de sembrar el socialismo en México, justo en el patio trasero de Estados Unidos, se convertía en una realidad con las pretensiones de los diferentes sectores populares de participar en el gobierno. Más que claro era que el nuevo panorama mexicano estaba bastante dispuesto para abrazar al socialismo.

Las Siete Hermanas

La situación era clara y lógica: Cárdenas estaba más dispuesto a apoyar incondicionalmente al pueblo antes que a los grandes capitalistas. Prueba de ello eran las constantes querellas que los sindicatos emprendían contra las transnacionales y el aumento de impuestos que antes eran inexistentes. La intolerancia de Cárdenas para con las firmas extranjeras también era prueba manifiesta de una inconformidad y una traición del gobierno mexicano. Ante esta situación, países como Estados Unidos, Inglaterra y Holanda, representantes de grandes consorcios petroleros y mineros, comenzaban a conspirar por lo bajo contra el nuevo gobierno mediante las presiones ejercidas por el Cartel de las Siete Hermanas. Esta situación se vivía desde el gobierno de Carranza, pero se había aligerado bastante durante las gestiones de Obregón y Calles. Pero si ahora los países imperialistas saboteaban los esfuerzos del presidente mexicano por alcanzar una madurez y autodeterminación del pueblo, ¿qué otra salida quedaba para que México se sacudiera el yugo explotador del modelo occidental?

(Continúa)

Fuentes

Benítez, Fernando. Lázaro Cárdenas y la Revolución Mexicana. México, 1994.

Delgado Martín, Jaime. México: los caudillismos de Calles y Cárdenas. México. 1992.

Borja, Rodrigo. La Jornada. Dos mil años de chapopote. 18 de marzo de 2008.

Topete Lara, Hilario. Los Flores Magón y su circunstancia. 2005. Contribuciones desde Coatepec, Revista no. 008.

Sampson, Anthony. Las Siete Hermanas: Las Grandes Compañías Petroleras y el Mundo Que Cambiaron. New York, Viking Press, 1975.


El país que quería ser revolucionario (1)

abril 26, 2012

«La influencia del socialismo ruso en México durante la época pos revolucionaria y el régimen cardenista»

Revolución y “revolución”

En la Historia de México suele usarse mucho un sustantivo como punto de partida de cambios significativos en el devenir de nuestra nación y el forjamiento de nuestra identidad: se usa demasiado la palabra Revolución. Al hablar de la Revolución de 1910, se hace un parte aguas entre el México retrógrado y el México moderno. Sin embargo, nunca hemos estado ni cerca de comprender qué significa la palabra revolución, mucho menos el sustantivo con el que tanto nos gusta definir a la frontera histórica del avance y el progreso en nuestro país, así como tampoco conocemos sus raíces.

La Libertad guiando al puebloLa palabra revolución tiene un significado, mas el sustantivo Revolución tiene propósito, y en nuestra nación, uno muy especial. La palabra procede de siglos atrás, cuando los filósofos e historiadores comenzaron a conjeturar ideas sobre los cambios radicales y violentos que a cada cierto período de tiempo se suscitaban. Así, denominaron revolución a aquellos cambios que desmantelaban el orden establecido en un núcleo social para imponer un nuevo orden surgido de nuevas necesidades y nuevos grupos de interés. En cambio, el sustantivo posee un origen mucho más moderno, concebido cuando la nueva gama de caudillos del siglo XX, caudillos populares, tuvieron la necesidad de encausar al pueblo en un único conjunto de ideas que los representara y uniera en una mezcla homogénea.

De esa manera, Revolución se convirtió en un sustantivo que señalaba el fin de un proceso histórico y el principio de otro. El término fue utilizado por casi todos los caudillos del siglo pasado que no tenían un origen aristocrático con el cual fundamentar sus directrices, por lo que terminaron acuñando la máxima de la propia representación del pueblo, su orgullo, su innegabilidad y su futuro: le llamaron Revolución y la convirtieron en una doctrina intachable e irrevocable.

El proceso histórico denominado Revolución fue proclamado en lugares tan alejados unos de otros, como China y Cuba, y tan separados en el tiempo, como Rusia y Senegal. La utilizaron personajes absolutos como Marx y Rosseau, hombres admirados como “Ché” Guevara, y mandatarios implacables como Stalin y Trujillo. Y pronto se convirtió en el estandarte de la lucha de los caudillos populares contra las élites aristocráticas. ¿Qué tanto contribuyó la verdadera participación del pueblo en estas modificaciones del statu quo? Eso es algo que puede ser sujeto a debate, mas no quisiera perder este estudio en discusiones kilométricas.

El triunfo de la Revolución CubanaPues bien, tan pronto como comenzó a adoptarse este término para denominar a dichos cambios sociales, culturales o económicos, surgió un nuevo orden social a lo largo y ancho del mundo: las sociedades revolucionarias. México no fue la excepción. Desde una etapa temprana, se hicieron notar personajes como Ponciano Arriaga y Melchor Ocampo, quienes promovían ideas exportadas del liberalismo francés, y más tarde, los Hermanos Flores Magón y Enrique Bermudez, quienes simpatizaban con la radicalización propia del anarquismo ruso. Y fueron, precisamente, las exigencias y las enseñanzas de estos primeros pensadores disidentes las que sembraron la semilla en México para el surgimiento de una sociedad revolucionaria.

La aventura socialista

En nuestro país, recordamos constantemente nuestro pasado revolucionario. Lo llevamos en la sangre, en el orgullo, en el sentimiento, en los festejos, en los actos sociales, en los días de descanso; pero negamos tajantemente una porción de ese mismo pasado revolucionario. Hemos aprendido que personajes como los Hermanos Flores Magón o Francisco I. Madero iniciaron las manifestaciones antes de 1910 contra el gobierno dictatorial de Porfirio Díaz. Pero no nos muestran la versión completa de los hechos: aquella en la que los clubes liberales reunidos en torno a los personajes antes citados, importaron un conjunto de ideas que habían comenzado a formar el pensamiento revolucionario en Europa.

El marxismo no solo era una moda, sino que se estaba convirtiendo en una alternativa. Los mercantilistas europeos y americanos llamaban a las ideas marxistas utopía, mientras que los sindicatos se reunían en torno a sus pautas socialistas. El marxismo reprobaba la dictadura de la aristocracia y la monarquía, los controles burgueses contra la comunidad y el proletariado, y la explotación de las masas. Y, según los marxistas, era suficientemente convincente la erección de una dictadura del proletariado tomando en cuenta la hazaña de la Comuna de París. Anarquistas como Bakunin, Prokotkyn y Blanc, promovían una dictadura directa del proletariado sobre todos los medios, sin representación ni gabinete, mientras que otros mucho más moderados, alentaban la creación de los soviets, centros de gobierno con representación de las comunidades productivas en el régimen socialista.

Anarquistas

Ambas ideas fueron importadas a México desde antes de 1908. A lo largo de la frontera con Estados Unidos, en la etapa final del Porfiriato, los clubes liberales proliferaron cobijados por la lejanía del gobierno federal, la decadencia del antiguo régimen y la cercanía con ciudades que brindaban protección y que estimulaban a la creación de sindicatos de obreros, mineros y campesinos. Fueron importadas de países con una larga tradición de libre pensadores, como Francia y Rusia. En ambos países, ya se habían puesto en marcha ejercicios de gobierno en que el pueblo arrebataba el control de sectores enormes del reino a las élites gobernantes. Jesús, Ricardo y Enrique Flores Magón fueron los primeros de una larga lista de ideólogos y políticos mexicanos que promovieron los principios revolucionarios echando mano de la filosofía marxista. Francisco I. Madero, mucho más moderado, utilizó al marxismo sobre una base superficial, únicamente alentando al pueblo a participar en la democracia y el ejercicio del gobierno comunitario.

En la frontera sur de Estados Unidos, donde los clubes liberales ya tenían una existencia prolongada, se dio cobijo muchas veces a estos ideólogos, protegiéndolos contra los abusos de los gobiernos, tanto del mexicano como del estadounidense. Y la influencia de estos ideólogos, por otra parte, contribuyó a la proliferación de sindicatos en el norte de México. Movimientos como la Huelga de Cananea y la de Río Blanco surgieron gracias a la influencia de grupos sindicales estadounidenses que ponían todo su empeño en sabotear los proyectos de multinacionales casi esclavistas.

Ya iniciado el conflicto bélico de 1910, los movimientos obreros fueron olvidados parcialmente durante casi toda la guerra. El único causal estuvo respaldado por la lucha privada que mantenían los Flores Magón y Pascual Orozco en el norte del país, pero una vez depuesto Victoriano Huerta, sus fuerzas fueron aniquiladas, los Hermanos Magón fueron hechos prisioneros y Pascual Orozco huyó a Estados Unidos. Después de eso, casi toda la lucha de la Revolución tuvo como objetivo primordial el alcanzar el sufragio libre y efectivo y el reparto agrario.

Huelga de Cananea, por David Alfaro Siqueiros

El movimiento obrero fue retomado mucho tiempo después de terminada la Revolución Mexicana, aunque no surgió específicamente de las fuerzas obreras, sino de los esfuerzos de uno de los generales triunfadores del conflicto. Lázaro Cárdenas del Río se trata, tal vez, del presidente mexicano más alabado de cuantos han manejado el poder en nuestra nación. Sin embargo, y aunque nos gusta recordar con amor y exaltación patriótica la figura de quien nos dio las primeras organizaciones de desarrollo e infraestructura nacionales, tenemos la costumbre de aborrecer a los principios marxistas impresos y puestos en marcha durante su mandato.

(Continua)

Fuentes

Arendt, Hannah. Sobre la revolución. Revista de Occidente, Alianza Editorial. USA. 1967.

Garibaldi, Esteban. Marxismo y utopía. Nodo 50, Contrainformación en red.

Topete Lara, Hilario. Los Flores Magón y su circunstancia. 2005. Contribuciones desde Coatepec, Revista no. 008.

Rodríguez, Abelardo. Morir matando. ITSON, Hermosillo, Sonora. 2007.