El país que quería ser revolucionario (4)

agosto 6, 2013

El cortejo de los Nazis

Esvástica petrolera

Este episodio de la Historia de México, en especial, se nos omite deliberadamente a los mexicanos; la época en que, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, México, con Lázaro Cárdenas a la cabeza y con el apoyo incondicional de la URSS, abastecía de materias primas a Japón, Italia y Alemania. Y se omite, por supuesto, porque muy probablemente sería una propaganda negativa para la imagen del mandatario más alabado de México.

Estados Unidos e Inglaterra presionaban duro al gobierno mexicano para que éste cumpliera con las indemnizaciones debidas a las empresas petroleras perjudicadas durante la expropiación. Lázaro Cárdenas, respaldado por Mújica, Nájera y Lombardo Toledano, argumentaba que las indemnizaciones exigidas eran ridículas y ofensivas, si se tomaba en cuenta que las empresas habían explotado los pozos petroleros durante casi 50 años sin pagar ningún centavo. Así que, si los clientes más grandes en ese entonces se negaban a adquirir el petróleo mexicano, había que buscarlos en otras partes.

Anteriormente, Shell y British Petroleum habían sido infiltradas por agentes nazis quienes habían conseguido desviar petróleo mexicano a través de la empresa de William Rhodes Davis, la Davis Oil Company. Davis era de Texas y mantenía una mediana empresa dedicada a la exploración y excavación en el Golfo de México. El texano vendía el petróleo mexicano al ala nazi de las mencionadas empresas, y éstas lo enviaban a Alemania. Pero una vez concretada la expropiación del petróleo, las empresas que podían ser parasitadas por los nazis se marcharon y la célula encabezada por Davis quedó desamparada.

Cárdenas designó a Alejandro Carrillo para establecer un canal de comercio con Alemania e Italia a través de Rhodes Davis. Esto se consiguió cuando, un mes después de la nacionalización del petróleo, cuando el texano llevó a cabo una compra de crudo por 17 millones de dólares pagados por Hjalmar Schacht, Secretario de Finanzas del Reicht. La entrega del petróleo comenzó en junio de 1938 y concluyó con el envío de los últimos 4,000 barriles en mayo de 1939.

Schacht / Rhodes Davis

La relación de México con el fascismo fue una aventura que duró poco. En 1940, los nazis invadieron Rusia. Cárdenas nunca confesó ser un partidario del comunismo estalinista, pero siempre dio muestras de su apoyo al mismo y de su apego ideológico al marxismo. La invasión de Rusia no la tomó muy bien, por lo que suspendió los envíos de petróleo y delató a las células fascistas en México, muchas veces poniéndolas a tiro de pistola para que los operadores comunistas los hicieran desaparecer. De esa manera facilitó la liquidación de Otto Probst y de Gerard Meier, ambos operadores nazis en México. De igual manera, se mostró más abierto a retomar las relaciones con Estados Unidos y los Países Bajos. Para acercarse a Franklin D. Roosevelt, quitó la candidatura a su compadre Francisco Mújica, y optó por el conservador Manuel Ávila Camacho. Para hacer efectiva su victoria en las elecciones, hostigó y desapareció a los partidarios almazanistas, al punto de declarar solamente 150,000 votos a su favor, cuando hubo mítines en que logró congregar a 250,000 personas en una sola tarde.

Para mediados de 1940, la unión Roosevelt – Cárdenas era más que evidente. Al observar esto, Litvinov, el Canciller soviético, invitó al representante mexicano en la Sociedad de Naciones, Francisco Castillo Nájera, a visitar Moscú para, después, firmar el pacto de mutuo reconocimiento. Cárdenas, por medio de Emilio Portes Gil, ordenó al embajador que no accediera a las peticiones del soviético, y como gesto de buena voluntad para con los Estados Unidos y malo para con la Unión Soviética, aprobó el pago de indemnización con cargos de intereses para las empresas norteamericanas afectadas durante la expropiación y firmó un tratado por el cual México comprometía su petróleo exclusivamente para los Aliados a cambio de estar recibiendo constantemente productos refinados a bajo costo.

Mujica / Camacho / Lombardo

Esta fue la recta final de la aventura socialista de Cárdenas y el gobierno mexicano. Los partidarios cardenistas fieles a su carrera socialista fueron alejados de su círculo de acción. Mújica fue enviado como gobernador a Baja California Sur, por entonces el estado más pobre y alejado del país. Trotsky fue asesinado por Ramón Mercader, un comunista catalán, en Coyoacán. Diego Rivera, separado ideológicamente del socialismo radical, fue enviado a Europa en un viaje de preparación. Vicente Lombardo Toledano, con apoyo de los principales sindicatos, se convertiría en el mandamás de los obreros y zanjaría la influencia de Cárdenas alrededor de quien sería la nueva figura presidencial, Manuel Ávila Camacho. En 1948, ya concluida la Segunda Guerra Mundial y con una órbita estadounidense mercantilista tanto en América como en Europa, el socialismo tomaba su propio rumbo y Cárdenas sería aniquilado ideológicamente. Desempeñó el cargo de Secretario de Defensa hasta 1945, para después ir desapareciendo poco a poco del escenario político en México.

Conclusión

El carácter del mexicano está perfectamente retratado en El Laberinto de la Soledad, magnífica obra de Octavio Paz. En ella, hace una especie de psicoanálisis nacional del mexicano. Dice que “el mexicano se siente resentido con la historia, enjuto, siempre reacio a adaptarse a los cambios”. Y bien puede ser cierto, si analizamos la época en que, quien es considerado “El más grande presidente de México”, ni con todos los esfuerzos conjuntos de los más grandes pensadores del país, pudo doblegar a la mentalidad del mexicano a corto o a largo plazo. México era un país que luchaba desesperadamente por integrarse a las filas de la revolución –la palabra simple, no el sustantivo –mas los mexicanos nunca consiguieron sentirse identificados con ella, sino que tenían la necesidad de una Revolución: un conjunto de ideas nacido de tendencias políticas que inventara una historia a la medida y les hiciera sentirse orgullosos de un pasado que nunca tuvieron.

Revolucionarios

Aún así, a pesar de que dicha Revolución se forjó en una fragua calentada con la chispa marxista, somos un conjunto de ciudadanos tremendamente antimarxistas. Completamente individualistas, viviendo al ritmo del libre comercio y con prácticas económicas propias de los países capitalizados, constantemente veneramos a los revolucionarios y sus gestas heroicas, consideramos justa la lucha de clases y construimos arengas para sentir que los mexicanos estamos unidos como nación. México ha sido, desde hace más de medio siglo, un país que siempre ha querido, pero nunca ha podido ser revolucionario.

Fuentes

Jiménez, Juan Ramón. VoltaireNet.org – El mito de Lázaro Cárdenas; primera parte. 10 de enero de 2005.

Loyo, Marta. El Partido Revolucionario Anti-Comunista en las elecciones de 1940. México, 1998.

Wikipedia, la Enciclopedia libre. Francisco J. Mújica.

Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. Capítulo IV: Los hijos de La Malinche. México. 1950.


El país que quería ser revolucionario (3)

julio 24, 2012

Liev Trostsky, Diego Rivera y André BretónDurante los principios de la gestión cardenista, el choque de intereses particulares de los sectores populares creaba una problemática compleja y difícil de erradicar. Ante esta situación, Cárdenas se propuso un proyecto que ayudara a conformar un sentimiento nacionalista propio que abarcara a todos los componentes de la sociedad. Para ello, convocó a diferentes filósofos y artistas para que trabajaran en la composición de un movimiento cultural patriótico, que exaltara el pasado y reverenciara a la Independencia y la Revolución. La mayoría de ellos, influenciados por las doctrinas marxistas, basaron sus creaciones intelectuales y plásticas en la lucha de clases, en la emancipación del pueblo y la victoria contra los aristócratas porfiristas. Fueron los años en que surgió el muralismo mexicano de la mano de grandes artistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Y también en este terreno, los artistas mexicanos recibieron influencia directa de pintores españoles y franceses, así como de políticos rusos.

Y así como los extranjeros influyeron en las nuevas corrientes liberales artísticas y científicas, los participantes de estos ámbitos ayudaron a solventar ciertas situaciones para con políticos extranjeros. El régimen cardenista fue, tal vez, el más empático con los refugiados de las naciones socialistas.

En la Rusia bolchevique, por ejemplo, después del triunfo de la Revolución de Octubre y de la consolidación de Stalin como líder máximo del comunismo, las facciones estalinistas y trotskistas comenzaron a luchar entre sí. Stalin llevó a cabo una purga política en la que los partidarios de Trotsky salieron perdiendo. El líder comunista salió expulsado del país con varios procesos penales en su contra y tuvo que refugiarse en donde le pudieran ofrecer asilo político. De esto se encargó Diego Rivera, uno de sus partidarios en México, quien llevó a cabo la gestión del permiso del presidente Cárdenas para la radicación de Trotsky en México.

Una vez en México, Trotsky comenzó a trabajar arduamente con Diego Rivera en la formulación de un manifiesto para la creación de arte revolucionario, mismo que fue lanzado con la participación de prominentes artistas franceses y españoles, entre ellos André Bretón. Este equipo de trabajo fue el génesis de lo que, después de un año, comenzaría a ser conocido como Muralismo mexicano. En dichas obras se plasman temas característicos de los movimientos libertarios socialistas: la innegabilidad de la lucha de clases y la satanización de la clase aristócrata.

Lázaro Cárdenas con los Niños de MoreliaOtro caso similar, en el que se observan destellos de simpatías para con el socialismo, fue el de reprobar amargamente a la dictadura franquista después de la Guerra Civil española y ofrecer asilo a los socialistas perseguidos por el régimen. Entre estos protegidos destacan los 456 menores conocidos como Niños de Morelia. Estos muchachos eran hijos de personajes republicanos en España y habían conseguido escapar del país y de la represión. Llegaron a México en el vapor francés Mexique y desembarcaron en el puerto de Veracruz el 7 de junio de 1937, donde fueron recibidos por Amalia Solórzano, la esposa del presidente. De ahí pasaron a Morelia, donde se les dio morada en habitaciones acondicionadas para instalar un internado y las áreas docentes de lo que se convertiría en la Escuela Industrial España – México.

También se pronunció en contra de la Invasión Japonesa de China y del Anchlüss, la ocupación ilegal que hicieron los nazis en Austria, y criticó duramente la política de No Intervención de los Países Aliados en la carrera imperialista que llevaban a cabo Alemania e Italia. Pero uno de los gestos más obvios de su simpatía por el socialismo fue que, recién llegado a la presidencia, puso todo su empeño en reanudar las relaciones fraternales con Rusia y los países soviéticos, a pesar de los desacuerdos y agravios sufridos entre ambos países durante la Revolución. Esta apertura nunca se concretaría debido a la antipatía que sentían entre sí el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, Emilio Portes Gil, y el Canciller del Exterior soviético, Maxim Litvinov.

El suceso que tuvo más repercusión internacional en la presidencia de Lázaro Cárdenas fue, sin duda, el conocido como Expropiación Petrolera. El sabotaje callado que mantenían los gobiernos occidentales contra México, utilizando como brazo hostigador a las empresas petroleras, se volvía cada vez más molesto. El presidente Cárdenas insistía en cumplir con las demandas de los trabajadores que tuvieran representación sindical; lo mismo para con las empresas mineras y agrícolas que no acataran los términos de la Reforma Agraria. Después de mucho estirar y aflojar entre los empresarios y los sindicatos, la nacionalización del petróleo fue decretada el 18 de marzo de 1938. Las empresas envueltas dentro de esta medida trataron de conseguir una prórroga de tres meses, pero la resolución de Cárdenas era tajante.

Maxim Litvinov y Emilio Portes Gil

Las empresas perjudicadas por la nacionalización del petróleo fueron:

  • Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila” (London Trust Oil-Shell)
  • Mexican Petroleum Company of California (ahora Chevron-Texaco, la segunda empresa petrolera global) con sus tres subsidiarias:

               Huasteca Petroleum Company
               Tamiahua Petroleum Company
               Tuxpan Petroleum Company

  • Pierce Oil Company, subsidiaria de Standard Oil Company (ahora Exxon-Mobil, la más grande empresa petrolera mundial)
  • Californian Standard Oil Co. de México
  • Compañía Petrolera Agwi, S. A.
  • Penn Mex Fuel Oil Company (ahora Penzoil)
  • Stanford y Compañía
  • Richmond Petroleum Company of Mexico, ahora (ARCO)
  • Compañía Exploradora de Petróleo “La Imperial” S. A.
  • Compañía de Gas y Combustible “Imperio” y Empresas
  • Mexican Sinclair Petroleum Corporation, sigue siendo Sinclair Oil
  • Consolidated Oil Companies of México S. A
  • Sabalo Transportation Company
  • Mexican Gulf Petroleum Company (luego llamada Gulf)

Cabe mencionar que, para la redacción del manifiesto a la nación con que Lázaro Cárdenas expropiaría el petróleo, influyeron directamente dos personajes muy bien relacionados con el comunismo ruso en México: primero, Francisco Jesús Mújica, militar de carrera que se formó en la Revolución Mexicana, un firme partidario de la Unión Soviética, convencido de que, un régimen similar al ruso, sería la forma de gobierno adecuado para México; en segunda, el antes citado Liev Trotsky, quien no por ser un ruso exiliado en México se mantuvo fuera de la política y la cultura mexicanas. Recientemente, fueron expuestas algunas teorías que señalan a Trotsky como uno de los instigadores de las expropiaciones del gobierno cardenista, toda vez que Cárdenas se apoyaba en los consejos de su mentor ideológico, el general Mújica, y éste era, a su vez, un firme camarada del político ruso.

A raíz de esta nacionalización de bienes extranjeros y ante el temor del crecimiento de una república soviética en México, los países de corte occidental llevaron a cabo boicots contra el gobierno mexicano y promovieron el crecimiento de partidos derechistas en oposición contra Lázaro Cárdenas. La candidatura política del general Mújica quedó aniquilada por los esfuerzos populistas de Joaquín Amaro y Juan Andreu Almazán, por lo que se optó por nombrar candidato oficialista a Manuel Ávila Camacho; Inglaterra rompió relaciones con México, mientras que Estados Unidos y Holanda lo embargaron comercialmente, dejando de adquirir el petróleo y la plata mexicanos; Venezuela, competidor férreo de México en el mercado del petróleo, firmó contratos exclusivos para abastecer a esos tres países y convertirse, así, en una potencia de la producción de combustibles.

Ante este panorama, solamente quedaba una salida al gobierno de Lázaro Cárdenas, misma que explotó durante varios años con buenos y amenazantes resultados para el futuro: se convirtió, de 1937 a 1939, en uno de los principales aliados estratégico de las potencias del Eje en América.

(Continúa)

Fuentes

Gutiérrez-Álvarez, Pepe. Marxismo en la Red. Diego, Frida y Siqueiros ante el “Caso Trotsky”.

Meyer, Lorenzo. El Siglo de Torreón. Editorial: “Lázaro Cárdenas o cuando había estadistas”. 28 de febrero de 2008.

Portes Gil, Emilio. Autobiografía de la Revolución Mexicana. Capítulo Undécimo: Período presidencial del Gral. Lázaro Cárdenas.

Gail, Olivia. La Jornada. Trotsky asesoró al gobierno cardenista para la expropiación petrolera. 14 de agosto de 2005.