El país que quería ser revolucionario (2)


Cárdenas y la política del pueblo

Durante la época conocida como El Maximato, los sindicatos en México fueron duramente reprimidos, el reparto agrario fue suspendido y las inversiones extranjeras asolaban al país consumiendo sus recursos y explotando a sus habitantes de una forma descarada y sin dejar apenas beneficios para México. La mano férrea de Plutarco Elías Calles y sus prácticas oligárquicas habían estancado la política perseguida durante la Revolución; lo cierto era que, quitando ciertos avances en infraestructura urbana que se habían alcanzado en los últimos 14 años, los aspectos socioeconómicos del país no habían cambiado en lo más mínimo. Los científicos seguían gobernando el país, la clase gobernante estaba compuesta por antiguos hacendados del norte, los campesinos no tenían tierras, los obreros no tenían representación o era prácticamente nula, la autogestión de los estados no era respetada y el sufragio estaba manipulado por el presidente o la figura que mandaba detrás de él.

Presidente Lázaro Cárdenas del Río

Muy tempranamente, Lázaro Cárdenas se convirtió en el hombre de confianza de Calles, siendo considerado como sucesor para un nuevo ciclo presidencial. Pero la influencia de Cárdenas era muy fuerte dentro del ejército, siendo su principal velador y brazo político. Calles tenía demasiada influencia en las clases oligarcas, en el PNR y en los medios de comunicación, por lo que la sola influencia de Cárdenas no era lo suficientemente fuerte como para contrarrestar sus intromisiones una vez se convirtiera en presidente. Así que, muy inteligentemente, no atacó a los presidentes designados por Calles, sino que esperó a ser designado él mismo. Luego, por ser su naturaleza más conciliadora que represiva, sembró un clima para la inclusión de todos los sectores populares dentro del nuevo gobierno. Los partidos políticos fueron reformulados, dando cabida a los sindicatos obreros, a los campesinos, a los industriales y, por más increíble que pareciera, a la Iglesia Católica. Una vez conseguido el apoyo popular, acosó directamente a Plutarco Elías Calles, El Máximo Jefe, como se le conocía aún en esa época; solamente le dejó una salida: que se fuera del país o que se atuviera a las consecuencias. La amenaza de Cárdenas era demasiado grande para no ser tomada en serio y Calles tenía mucho que perder. Así concluyó el período conocido en México como El Maximato e inició el Cardenismo.

Las pautas seguidas en adelante por el gobierno mexicano fueron marcadas, durante décadas, por la deuda política para con los sectores que apoyaron a la causa de Lázaro Cárdenas; le dieron el poder para quitar a las oligarquías del gobierno, por lo que demandaban privilegios especiales para ponerse por encima de los demás sectores. Esto era una situación bastante problemática, debido a que los intereses de los beneficiarios, en varias ocasiones, chocaban y la mayoría de las veces de forma violenta.

La prioridad del gobierno de Lázaro Cárdenas era restaurar el orden en el país, orden que no se había establecido desde 1810, en los inicios de la Guerra de Independencia. Para ello, el presidente, aún la autoridad máxima en un país acostumbrado a ser mandado por una sola persona, debía cumplir con las exigencias de los diferentes sectores populares.

Estandarte de los CristerosEl clero, por ejemplo, exigía la reposición de sus bienes y el permiso para impartir una educación católica libre, así como el cese de hostilidades que desde hacía varios años se fraguaba en la llamada Guerra Cristera o de los Cristeros. Estados de mayoría religiosa, como Michoacán (estado natal de Cárdenas), Jalisco y San Luis Potosí, respaldaban las exigencias de la iglesia católica mexicana, objetando que no abandonarían las armas hasta que los maestros laicos abandonaran sus escuelas.

Estas exigencias estaban en contra de los intereses representados por los industriales, quienes exigían mano de obra bien calificada y, según ellos, el dogmatismo religioso era una traba de acuerdo con los modernos estándares europeos. Estos, además, pedían la salida de las empresas monopolísticas extranjeras, la apertura de los mercados agrícolas y ganaderos, que seguían en exclusividad de unos pocos propietarios mexicanos, de la producción petrolera y de los servicios comunitarios de energía eléctrica. También demandaban la posibilidad de participar en los mercados de exportación y de una protección del gobierno contra los productos de importación, así como las aperturas a los canales de comercio, dominados entonces por las redes ferroviarias estadounidenses.

Las peticiones de los campesinos eran ya un tema trillado: el reparto agrario efectivo, la construcción de un modelo ejidatario de administración de la tierra, derechos de propiedad sobre el ejido y libertad de explotación del subsuelo. También demandaban la creación de organismos dedicados a vigilar los conflictos concernientes a la Reforma Agraria y la desaparición de los últimos baldíos protegidos por las guardias blancas. Las fuerzas armadas, principal respaldo de Cárdenas en un principio, al sentirse superadas por los sectores populares, crearon recelo y comenzaron a dotar de apoyo incondicional a Manuel Ávila Camacho. Para tranquilizarlos, el presidente les concedió crédito privado, seguro de vida, agrupaciones vigilantes y designó como Secretario de Guerra a Ávila Camacho.

Campesinos en busca de jornadasDe esa manera, el gobierno cardenista fue el primero en consolidar su base de poder con todas las facciones de la vida cotidiana en México: la iniciativa privada, el proletariado, el campesinado, el ejército y el clero. Pero, ¿era coherente el antiguo modelo de gobierno con las medidas llevadas a cabo para sacar del poder a los viejos oligarcas? Como se podrá deducir de la historia inmediata del país, no había coherencia en tales reformas. El modelo de nación siempre había sido típicamente capitalista, y las nuevas exigencias de los sectores populares se veían contrariadas con un gobierno que alentara a su explotación desmedida. El gobierno mexicano, bajo el auspicio de Lázaro Cárdenas, fue víctima de una metamorfosis que no fue vista con tiempo. Las nuevas épocas demandaban otro tipo de atenciones del gobierno: la sociedad se volvía cada vez más socialista. Ante las nuevas medidas de Cárdenas, los países capitalistas occidentales cerraban puertas al naciente régimen y las empresas transnacionales se ponían a la defensiva. Era tiempo, entonces, de voltear a ver otros escenarios, otros panoramas. Occidente mostraba la espalda a México, mientras que el marxismo y los países socialistas abrían sus brazos a la par.

La lucha sindical contra las petroleras

En 1917, a los pocos meses de haber sido promulgada la Constitución del 5 de Febrero, los trabajadores de la Huasteca Petroleum Company, alentados por el artículo 123, se declararon en huelga y suspendieron todas las labores durante casi un mes completo. Las medidas contra este movimiento fueron particularmente represivas, pero aún peor fueron las represiones emprendidas contra las huelgas subsecuentes, como las de 1919 en la Waters-Price Oil Company y la Tamiahua Petroleum Company, en las que se utilizó al ejército federal para sofocarlas.

Si bien no se han descubierto pruebas que lo aseguren, en la época se corrieron rumores sobre la presencia de agitadores durante las primeras huelgas en las petroleras del Golfo de México. No sería nada raro, en caso de ser cierto ya que, desde los primeros años de la revolución, ideólogos anarquistas como Enrique Bermudez y Esteban Baca Calderón mantenían relaciones con pensadores rusos exiliados del imperio zarista y que se habían instalado en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Los mismos Flores Magón, a pesar de no haber declarado nunca amistades con políticos o filósofos rusos, reflejaban una obvia influencia de los pensadores anarquistas rusos y franceses en sus manifiestos. El Partido Liberal Mexicano, a través de personajes secundarios, se sirvió mucho del marxismo importado desde Europa para proclamar su plan de nación plasmado en Regeneración, el diario libertario en que los hermanos activistas declaraban sus ideas a los clubes liberales mexicanos y estadounidenses.

Pero cierto o no, la presencia bolchevique se fue haciendo cada vez más latente. Después de la Revolución de Octubre en Rusia, la prioridad de los comunistas era contrarrestar la influencia del mercantilismo amenazante. Estados Unidos e Inglaterra habían probado ser enemigos declarados del nuevo régimen, por lo que no debería darse cuartel ni en el terreno ideológico. Así como el atraer a Francia y Alemania se volvió una prioridad inmediata, el sembrar la semilla del socialismo en América Latina se convertiría en una fuerte baza contra la amenaza de Estados Unidos. Y el ensueño de sembrar el socialismo en México, justo en el patio trasero de Estados Unidos, se convertía en una realidad con las pretensiones de los diferentes sectores populares de participar en el gobierno. Más que claro era que el nuevo panorama mexicano estaba bastante dispuesto para abrazar al socialismo.

Las Siete Hermanas

La situación era clara y lógica: Cárdenas estaba más dispuesto a apoyar incondicionalmente al pueblo antes que a los grandes capitalistas. Prueba de ello eran las constantes querellas que los sindicatos emprendían contra las transnacionales y el aumento de impuestos que antes eran inexistentes. La intolerancia de Cárdenas para con las firmas extranjeras también era prueba manifiesta de una inconformidad y una traición del gobierno mexicano. Ante esta situación, países como Estados Unidos, Inglaterra y Holanda, representantes de grandes consorcios petroleros y mineros, comenzaban a conspirar por lo bajo contra el nuevo gobierno mediante las presiones ejercidas por el Cartel de las Siete Hermanas. Esta situación se vivía desde el gobierno de Carranza, pero se había aligerado bastante durante las gestiones de Obregón y Calles. Pero si ahora los países imperialistas saboteaban los esfuerzos del presidente mexicano por alcanzar una madurez y autodeterminación del pueblo, ¿qué otra salida quedaba para que México se sacudiera el yugo explotador del modelo occidental?

(Continúa)

Fuentes

Benítez, Fernando. Lázaro Cárdenas y la Revolución Mexicana. México, 1994.

Delgado Martín, Jaime. México: los caudillismos de Calles y Cárdenas. México. 1992.

Borja, Rodrigo. La Jornada. Dos mil años de chapopote. 18 de marzo de 2008.

Topete Lara, Hilario. Los Flores Magón y su circunstancia. 2005. Contribuciones desde Coatepec, Revista no. 008.

Sampson, Anthony. Las Siete Hermanas: Las Grandes Compañías Petroleras y el Mundo Que Cambiaron. New York, Viking Press, 1975.

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