Granito de Oro


Yo le puse “Grano de Oro”
A mi caballo alazán.
Era de fierro criollo,
Era hermoso mi animal
Mas se lo dí a Pancho Villa
En su santo, allá en Parral.

Infancia

Rafael Buelna Tenorio nació en el seno de una familia intelectual en el municipio de Mocorito, Sinaloa. Fue su padre, Pedro Buelna, un agricultor, gambusino y comerciante que llegó a tener cierto peso social en Mocorito y Salvador Alvarado, entidades que se dedicaban mayormente a estas actividades. Su tío fue el historiador y político sinaloense Eustaquio Buelna, quien influyó enormemente en el muchacho, tanto que desde su adolescencia demostró tendencias hacia la crónica y el periodismo.

Demostraba su carisma y su don de mando desde muy temprana edad, tanto en la secundaria como en la escuela técnica, donde, a modo de escena teatral, envolvía un periódico y llamaba a formación a los alumnos, siendo obedecido por la mayoría. Era de caracter temperamental e intempestivo, de aguda inteligencia e hiperactivo. Muchacho de actos decididos, antes que detenerse a pensar. De complexión delgada y baja estatura. Escribió algunas páginas en la secundaria. Algunos poemas, relatos breves en prosa y críticas sociales, lo que dió a pensar a sus familiares y amigos que muy pronto llegaría a entrar en la política o la abogacía con ayuda de su tío. La sorpresa que se llevaron, no sabría decir yo si fue buena o mala, pues lo expulsaron del Colegio Civil de Rosales, en la ciudad de Culiacán, en junio de 1909, antes de concluir el tercer grado de la carrera técnica. El motivo fue haber participado en una manifestación estudiantil contra la candidatura del científico Diego Redo.

Pancho Villa le dió el grado,
Le dio el grado de mayor
Cuando lo salvo en Celaya
De las balas de Obregón.
Corrió con su carga en lomo
Hasta llegar a Torreón.

Teniente de las fuerzas maderistas

Huyó de Culiacán, primero a Mazatlán y después hasta Guadalajara, donde continuó con su preparación como periodista por un breve tiempo, siendo interrumpidos sus estudios por el levantamiento maderista, incorporándose a las filas del Gral. Martín Espinoza. Salió con sus fuerzas para tomar Tepic, la capital de Nayarit, y al entrar en la ciudad, Espinoza le nombró Secretario de Gobierno temporalmente. Combatió a los federales en Peñas y Acaponeta, expulsándolos del estado hasta Mazatlán, donde se acuartelaron hasta el exilio de Porfirio Díaz y la toma de poder por las fuerzas maderistas. Contaba ya con 20 años y una carrera militar y política que lo convertía en uno de los líderes mexicanos más jóvenes e influyentes.

A su regreso a Culiacán, el Colegio Rosales lo reintegró entre sus estudiantes, permitiéndole seguir con su carrera periodística y ejercer como profesor. Escribió durante todo el año de 1912 artículos y diarios sobre los movimientos zapatista y magonista para El Correo de la Tarde, actividad que se truncó con la Decena Trágica en 1913.

General de la Revolución

Al inicio del levantamiento contra Victoriano Huerta, se unió a Martín Espinoza en posición de General de las Fuerzas Rebeldes de Sinaloa. Levantó en armas a un ejército de 1.300 combatientes, desde Culiacán hasta Mazatlán, y tomó el Palacio de Gobierno obligando a Felipe Riveros a pronunciarse contra el gobierno golpista. Después de que Carranza enviara a Álvaro Obregón a Sinaloa como General de la División del Noroeste, Buelna fue nombrado general brigadier junto a Ramón Iturbe, Armando Galeana y Manuel Dieguez, y fue encomendado a tomar la plaza de Tepic para preparar el avance del Ejército Constitucionalista hacia el centro del país. Sus fuerzas las componían, en mayor medida, soldados de caballería del norte de Sinaloa, por lo que siempre marchaba a la vanguardia de los constitucionalistas. A su entrada en Tepic, el gobierno le entregó la ciudad sin tirar bala, mientras que las fuerzas federales se retiraban para reunirse en Guadalajara, donde les darían la batalla meses después.

Por su parte, Obregón e Iturbe tomaban los puertos de Topolobampo y Mazatlán, pactando con los funcionarios huertistas y dejándoles escapar por mar hasta Manzanillo. Este hecho enfureció a Rafael Buelna, quien cabalgó con Rafael Garay desde Tepic hasta el sur de Sinaloa para ajusticiar al General Traidor. Buelnita, como le conocían sus compañeros militares, se presentó en Quilá con casi cien soldados de caballería e irrumpió violentamente hasta el campamento del Gral. Obregón. Su objetivo era arrestarlo para llevarlo al paredón y reemplazarlo con Manuel Dieguez, jefe de la Segunda División del Noroeste. Pero fue éste mismo general quien intercediera por la vida de Obregón y evitara un caos mayor del que ya había entre la tropa obregonista.

Después de este altercado, Obregón comenzó a desembarazarse de Buelna, nombrándole Jefe de la Primera División de Occidente y enviándolo con la caballería y un contingente de yaquis a tomar los pasos de vía hasta las afueras de Guadalajara, mientras el general se dirigía a paso de tortuga hasta los altos de Tepic. A la mayoría de sus tropas las repartió entre Lucio Blanco y Manuel Dieguez. Ésto llevaría a Buelna a distanciarse más del mando obregonista y acercarse a Francisco Villa.

Rompimiento con Obregón

Una vez se lo robaron
Los huertistas en Parral,
Mas el potro enfurecido
No dejó de reparar
Hasta quitarse al jinete
Regresando a su corral.

Una vez depuesto Victoriano Huerta, Venustiano Carranza ordenó el cese de hostilidades a Francisco Villa en San Luis Potosí. El Centauro pensaba que este movimiento lo había hecho el Primer Jefe porque no se fiaba de los villistas, así que Villa avanzó hasta Guanajuato para tomar Pénjamo, oliéndose la jugada de Carranza sobre la toma de la Ciudad de México que encabezaría Obregón. Ante tal situación, Villa llamó a una reunión con el Gral. Obregón, cosa a la que éste se negó al no ser ordenado por Carranza. Ante la actitud abiertamente antivillista, Buelna amenazó una vez más al general con fusilarlo.

La carrera de Buelna en el Ejército Constitucionalista no fue precisamente placentera. Buelna era partidario de la Ley Agraria, a la cual Carranza se negaba a dar reconocimiento firmemente. Esta familiarización para con el villismo y el zapatismo hacía que el General en Jefe de la División del Noroeste desconfiara cada vez más de Rafael Buelna. Mientras encabezaba el ejército en el avance a la Ciudad de México recibió noticias sobre la disposición del Gral. Bernardo Reyes de entregar el mando de las tropas federales y la plaza a los jefes carrancistas, y las llevó al Gral. Obregón. Entonces, Álvaro Obregón, ya completamente desconfiado de la lealtad de Buelna, le ordenó regresar a Sinaloa con sus tropas y esperar nuevas instrucciones de Juan José Ríos, General en Jefe de la División de Occidente, y mandó a tomar la plaza al Gral. Benjamín Hill. Buelna desertó con una buena cuenta de jinetes y algunos grupos de artilleros con rumbo a Durango, para de ahí pasar a Chihuahua y unirse a Francisco Villa. Fue perseguido durante dos semanas por Ramón Iturbe pero al internarse en la Sierra de Durango, éste desistió de seguir con la búsqueda.

Con Villa y la Convención de Aguascalientes

Las metrallas enemigas,
Y hasta uno que otro cañón,
Los lazaba Pancho Villa
En plena revolución.
“Grano de Oro” los jalaba
Relinchando de valor.

Frustrados los planes de Carranza de excluir de la Soberana Convención de Jefes Militares a los zapatistas, Villa llamó a una votación de los generales para cambiar la sede de la Convención a Aguascalientes, donde terminarían reuniéndose los revolucionarios. La junta de la Convención votó para elegir como Presidente Interino a Eulalio Gutiérrez, uno de los partidarios de Villa. Por entonces, Rafael Buelna ya se encontraba marchando bajo las órdenes directas de Villa.

El Centauro pronto se encariñó con el joven general, apodándolo Mi Muchachito y Granito de Oro. Contaba 23 años pero parecía aún más joven. Dice Thord Gray en su diario: “…parecía bastante joven, unos veinte años, de aspecto pulcro y al parecer muy inteligente, aunque no era fuerte físicamente. Parecía contento de verme y no tenía nada en contra de recibir lecciones”. En su paso por la Convención, Buelna fue ratificado en su puesto de General de Brigada y Eulalio Gutierrez le nombró Jefe de la División de Occidente, dándole el mando de las operaciones en Sinaloa, Nayarit y Jalisco.

Al separarse de Villa, contaba con 16.000 soldados, de los cuales 7.000 eran de caballería. A principios de diciembre, marchó con su ejército para tomar Guadalajara y Zapopan, que se encontraban en manos de los constitucionalistas. Derrotó a Juan Carrasco obligándolo a replegarse hasta Mazatlán. En enero del año entrante tomó Tepic, controlando las vías ferroviarias de conexión con Camino Real. Entró en Sinaloa al mes entrante acompañado por Julián Medina y se hizo con el control de casi todo el estado. Los obregonistas en Sinaloa vivieron por entonces una seria crisis militar, con sublevaciones en todas partes y numerosas deserciones. En Mazatlán, Buelna derrotó una vez más a Juan Carrasco, arrebatándole las plazas de El Rosario y San Ignacio, y su caballería tomó posiciones en las afueras de San Pedro. Se encontraba haciendo los preparativos para poner sitio a Culiacán, cuando envió una petición a Villa para que enviara más tropas. Las tropas jamás llegaron, pues Villa había sido derrotado por Obregón en Celaya. En vez de recibir soldados, Buelna recibió la orden de retirarse a Durango. Buelna abandonó el sitio y marchó con toda su tropa a través de la sierra para encontrarse con Villa en Parral.

Hacia el final de la Revolución

En este capítulo de la historia de Buelna la información se vuelve un poco confusa. Hay historiadores que mantienen que Buelna abandonó la tropa en Parral para dirigirse a su destierro voluntario en San Luis, Missouri, siendo condenado a fusilamiento por Pancho Villa, por haber desobedecido la orden de mantenerse en Durango. Otros historiadores lo sitúan en Cananea siendo derrotado por las tropas obregonistas, casi al mismo tiempo que el desastre del ejército que mandaba Rodolfo Fierro, en 1915. Como quiera que haya sido, esto representó la última acción bélica de Buelna en la Revolución. Su familia había marchado a los Estados Unidos, donde les alcanzó en noviembre junto con un grupo de sus más fieles hombres.

Vivió en diferentes ciudades de Norteamérica hasta 1919, cuando regresó de su destierro para radicar en Guadalajara como administrador de rastros y abarrotes. Siguió a esta etapa un período bastante gris, en que fungió como Jefe Militar de una comandancia en Los Altos, pero sin absolutamente nadie bajo su mando. Comenzó a dedicarse cada vez más al periodismo y los negocios comerciales, y menos a la política, en la que juraba nunca volver a meterse. Pero el Granito de Oro, con su carácter tan voluble y temperamental, no se podía mantener alejado de los acontecimientos que seguían marcando la faz del país.

Ya desde su regreso había estado en comunicación con Villa y el movimiento que encabezaba en Chihuahua contra Carranza. Cuando murió el Primer Jefe, publicó varios artículos condenando a Álvaro Obregón como el responsable de su muerte y en 1921 restauró su relación con el entonces Gral. Enrique Estrada, jefe de la Comandancia Militar en Nayarit.

Rebelión Delahuertista

Cuando mataron a Villa
En Hidalgo del Parral
En Canutillo el caballo
Lo esperaba en el corral
Murió con la silla puesta
Esperando al general.

A mediados de 1923, llegó hasta los oídos de Buelna una noticia que lo empujaría a abrazar las armas de nuevo: moría asesinado, el 20 de julio en Hidalgo del Parral, el Gral. Pancho Villa, supuestamente por orden del Gral. Obregón. Este acontecimiento dejaba claro que Obregón intentaría reducir a todos sus adversarios políticos y militares. Ya se había desembarazado de Zapata en Chinameca y de Carranza en Tlaxcalantongo, y comenzaba a organizar a otros militares de carrera en torno a su figura, como Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas del Río.

Buelna hizo un viaje corto a Sinaloa en noviembre, unos días antes de estallar la rebelión contra Álvaro Obregón. Cuando se enteró de que los delahuertistas habían iniciado el movimiento armado, regresó a toda prisa a Nayarit para ponerse bajo las órdenes de Enrique Estrada. Éste, no contando con una plana más preparada, concedió el mando de los ejércitos de Sinaloa, Nayarit y Jalisco a Buelna, y se declaró partidario de Adolfo de La Huerta dando comienzo a los ataques contra Juan Carrasco en Sinaloa y Lázaro Cárdenas en Jalisco.

Fueron éstas sus últimas acciones en vida, y representan un mozaico de gestas brillantes y fugaces, pues tomó, en un lapso de dos meses, cuatro estados, ocho comandancias militares y dos puertos, y venció en siete batallas. Desde Nayarit se dirigió a Sinaloa con su caballería, donde derrotó a Juan Carrasco, su antiguo enemigo de la época de revolucionario, en Mazatlán. Convocó a tropa sinaloense y marchó hasta Jalisco, tomando los pueblos de La Barca, Ayotlán, Degollado y Teocuitatlán, donde derrotó a Lázaro Cárdenas y lo tomó como prisionero, devolviéndole la libertad una semana después. De ahí pasó a Guanajuato por Yuriria y Acámbaro para entrar en Morelia y tomar la plaza de armas.

En la organización de las fuerzas de choque que entrarían en Morelia, Buelna se encontraba reconociendo el terreno con un grupo de soldados, cuando recibió una bala de Mauser en la cabeza. Sus hombres lo sacaron inmediatamente y se lo hicieron saber a Enrique Estrada, quien decidió mantener el ataque y terminó tomando la capital de Michoacán cuatro días después de la muerte de Buelnita.

Murió a la edad de 33 años, habiendo pasado antes por todas las graduaciones de un militar, siendo activista político, escritor, periodista y comerciante, y fue uno de los hombres más influyentes y el general más joven de la lucha armada del México Revolucionario. En 1930, siendo presidente el Gral. Lázaro Cárdenas, dispuso que sus restos fueran trasladados de Morelia a Sinaloa, como un gesto de agradecimiento al hecho de que Buelna le perdonara la vida cuando le derrotó en Jalisco. El gobierno del estado de Sinaloa le nombró, en 1974, Hijo predilecto de los sinaloenses y la Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa colocó una placa en la entrada del edificio central, en la cual se puede leer:

«Un Granito de Oro desprendido de las vetas del ideal revolucionario»

Fuentes

Carlos Grande, Biografías Sinaloenses (Prontuario 1530 – 1998).

Ivor Thord Gray, Gringo rebelde: México 1913 – 1914.

6 respuestas a Granito de Oro

  1. alex morales dice:

    el general Buelna siempre mantuvo sus ideales por encima de toda escoria. Es un hombre que debe ser admirado por sus principios, y lo mas importante que siempre fue villista

  2. enrique gonzalez aldana dice:

    Cuantos Buelna le hacen falta al mexico de hoy, que amen sus principios y no al dinero y al poder, como sucede con los actuales politicos mexicanos. Siento que mexico ya va a cambiar y que los Buelna que estan entre el pueblo volveran a tomar su lugar en la historia para cambiar al rumbo que merece la gran patria mexicana.

  3. es de admirar que un joven con una posicion priviligiada halla defendido. y se levantara en armas para luchar por un ideal, pero lo mas lamentable es que el gobierno y los historiadores, no le den el lugar que merece en la revolucion.desde que tengo uso de razon mi abuelo Jesus Buelna Estrada siempre nos platico que fue el general mas joven de la revolucion, y con aquel orgullo nos decia que el General Rafael Buelna el Granito de Oro, era nuetro familiar.

  4. Alejandrina Gasca Loaiza dice:

    Mi tata Don Enedino Loaiza Rodríguez anduvo en la Revolución ,con Ramón F. Iturbe, cuando ya se puso mayor , fue reconocido por el propio General Iturbe, para poder ingresar al Hospital Militar, le dijo el General …tu eres hermano del güero Loaiza…..y le dio su reconocimiento firmado. Esto en noviembre de 1968.

  5. juan mazuha hernadez dice:

    interzante biografia del queridisimo Gral.Buelna, me intereza saber mas acerca .

  6. rosina dice:

    me gustaría conocer sobre la vida del Gral. Rafael Garay.Hubo quién me comentó que este

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